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Leyendas mexicanas La Calle del Truco

De acuerdo a la definición que nos arroja la Real Academia Española, podemos decir que el vocablo “truco” hace referencia a esas artimañas o tretas que realiza una persona en contra de otra para obtener una ganancia.

Otra tesis referente a esa misma palabra, nos indica que también puede remitirnos de manera directa a la acción de llevar a cabo una permuta o intercambio de elementos.

El punto es que en una calle en particular de la República Mexicana se presentaba una figura de un hombre alto vestido con un traje antiguo, capa y un sombrero de ala ancha que le cubría la frente, tan sólo dejando visibles sus pupilas.

Ahora bien, su rostro era más bien blanquecino y con un semblante desquiciado. Cuentan las leyendas mexicanas reales que ese individuo se movía de un lado para otro en esa calle, específicamente cuando caía el negro de la noche. Es decir, en el instante en el que ni siquiera las estrellas son visibles en el firmamento.

Leyendas mexicanas La Calle del Truco

Algunos aseguran que se trataba nada más y nada menos que de la silueta de Don Ernesto, un caballero adinerado que murió hace más de un siglo. Su figura se detenía frente a uno de los portales y con su mano huesuda llamaba a la puerta tres veces.

Inmediatamente después de que sucedía esto, se podía escuchar en el viento un lamento y segundos después la puerta se comenzaba a abrir lentamente emitiendo un chillido que estoy seguro que haría llorar al más valiente.

El domicilio en cuestión era una casa de juego (ahora se les conoce como casinos) en donde sólo las personas que tuvieran mucho dinero, podían entrar, ya que las apuestas se hacían con monedas de oro.

En el caso de que el dinero se agotase, lo que seguía en la lista eran las escrituras de sus propiedades. Era una mala noche para el espíritu de Ernesto, pues en menos de dos horas ya había perdido cinco de sus mejores posesiones.

Se encontraba sentado a la mesa de juego y un terrible pensamiento pasó por su mente:

– ¡Maldición, parece que lo he perdido todo! Ya no puedo apostar nada más. Eso jamás me había sucedido. La suerte siempre había estado de mi lado.

Antes de que pudiera emitir palabra, su oponente en los juegos de azar le comenta:

– Aún le queda algo por apostar. De hecho es lo más valioso que tiene.

– ¿A qué se refiere? Exclamó don Ernesto.

En ese momento, el contrincante se le acercó a su oreja derecha y pronunció lo siguiente:

– Me refiero a su alma estimado amigo. Imagine recuperar con una sola carta lo que ha perdido no solamente hoy, sino durante este mes.

– No lo sé, tengo miedo.

– Piénselo, tenemos todo el tiempo del mundo. Usted no se preocupe, soy un jugador a quien no le disgusta esperar.

Luego de mucho meditar, Ernesto aceptó jugarse su destino a un solo naipe. Posteriormente las cartas fueron barajadas por un tercero, el mazo se puso sobre la mesa y el sujeto del sombrero de ala ancha sacó un rey de picas.

– ¡Ya gané!

– No cante victoria tan rápido, aún falta mi carta. Mire ¡qué suerte es el as de diamantes!

– Eso no puede ser, me ha estafado. ¿Quién se cree que es, el demonio? Dijo don Ernesto.

– Precisamente…

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Name: Fernanda

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